jueves, 11 de diciembre de 2014

APICULTURA EN EL DELTA: HISTORIA Y FUTURO

Apicultura en el Delta del Paraná, historia y futuro. Por la Dra. Laura Gurini – Apicultura INTA EEA Delta del Paraná.



Antes del desarrollo de la domesticación de las plantas y de los animales, los seres humanos eran cazadores, pescadores y recolectores, actividades que han quedado plasmadas en el arte rupestre, con representaciones de la vida cotidiana, entre ellas la recolección de miel.

Las abejas del género Apis no existían en América. Sin embargo, la recolección de miel se practicaba en todo el continente ya que los pueblos originarios americanos consumían miel de abejas meliponas y trigonas, desprovistas de aguijón.

En la región del Delta, no se encontraban estas abejas, pero los Chaná, Chaná-timbúes y Mbeguá que habitaban las islas recolectaban miel de camoatíes (Polybia scutellaris) y lechiguanas (Brachygastra mellifica), ambas avispas productoras de miel, cuyos nidos pendían de árboles y arbustos.

A fines del siglo XIX y principios del XX, la mayor parte de la población del Bajo Delta estaba predominantemente compuesta por inmigrantes europeos que se instalaron como granjeros y cultivaron mimbre, frutales, forestales y hortalizas, comenzando la cría de aves y de abejas. Se introdujeron entonces varios tipos de Apis mellifera, entre ellos las abejas italianas y las carniolas.



La actividad frutícola, acompañada en muchas ocasiones por la producción de miel, s e mantuvo como principal actividad hasta 1959, año en que se produjo una de las inundaciones más importantes que afectaron al Delta. A partir de ese momento, se originó un cambio en la actividad productiva, comenzando a tomar importancia la forestación con Salicáceas. Las plantaciones de sauces y álamos y su flora acompañante, ofrecieron nuevos recursos para la apicultura, pasando la región a ser proveedora de polen temprano y de resinas a partir de las cuales la abeja genera propóleos. Este propóleos, procedente de los álamos, es considerado de excelente calidad.

A partir de este momento también se produjo una modificación en el tipo de apicultor que trabajaba en las islas. A los productores fijos de pequeña escala, se sumaron los apicultores trashumantes, procedentes de otros lugares de la Provincia de Buenos Aires y de otras provincias, con un número más elevado de colmenas, que comenzaron a ingresar al bajo Delta para aprovechar el polen disponible y producir material vivo antes que en otras regiones del país.



El censo Nacional agropecuario del año 1969, muestra para Baradero, Campana, San Fernando, Tigre y Zárate la existencia de 705 colmenas, que producían entre 25 y 40 Kg/año. La producción total que alcanzaba a superar las 20 toneladas, era absorbida por el consumo familiar y el excedente se comercializaba en el mercado de Frutos del puerto de Tigre.

Actualmente, la actividad apícola se extiende a todo el delta aunque las abejas disponen de distinta flora, lo que implica el acceso a diferentes recursos. Se puede considerar una región de mayor producción de material vivo, denominada zona de “nucleada” (Bajo Delta y Bajíos ribereños) y otra, con mayor producción de miel o zona de “mielada” (Predelta y Delta antiguo). Esta última recibe miles de colmenas para la producción de miel de varios tipos, entre ellos la conocida como miel de Caá-tay, que no cristaliza debido a su composición de azúcares. Es también una zona apta para la obtención de miel orgánica.

Un futuro posible para la región lo constituye el agregado de valor a través de este tipo de producción o bien mediante la caracterización de las mieles. El conocimiento de los productos y la organización de los productores también permitirán trabajar en la obtención de la Identificación Geográfica o la Denominación de Origen, favoreciendo un mejor posicionamiento en los mercados internacionales.


Fuente: Boletín Nuestro Delta Nº4.



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